La genealogía en relación con la crítica

 

Dado que la crítica es interrogar a la verdad acerca de sus efectos de poder y dado que la verdad es la propiedad que tiene una cosa de mantenerse siempre la misma sin mutación alguna,  nos preguntamos de qué manera podemos interrogar a la verdad. Si la interrogamos es porque de algún modo concebimos algo oculto, algo que no está bien. Dicho sea con otras palabras, dudamos de eso que se dice. Esto no sería posible sin el aporte de Nietzsche. Nietzsche creía que las verdades del hombre no eran otra cosa que errores irrefutables[1]. Por esta razón, “la fuerza del conocimiento no reside en el grado de verdad que tenga, sino en su antigüedad, en su grado de asimilación, en su carácter de condición vital”[2].

La verdad no era eterna sino una construcción llevada a cabo por el consenso[3]. De esta manera, la verdad, sea cual sea, tiene una historia. Así, Nietzsche considera que hace falta hacer una historia de todo cuanto ha dado color a la vida, una historia de las condiciones de la existencia[4]. En vista de las consideraciones anteriores, la indagación genealógica se presenta como una herramienta útil, debido a que facilita respuestas sobre el origen. A continuación veremos porque.

 

 

 

Preguntamos, ¿qué es una genealogía? La genealogía es, ante todo, un recurso para quienes pretenden asegurar que su linaje se remonta a orígenes nobles. Pero, de la misma manera, también presta sus servicios a quienes pretenden confirmar que las cosas no están del todo claras en el ascenso de tal o cuál dinastía. Nietzsche, aunque de un modo un tanto metafórico, se apropió de ese método genealógico para hacer sus análisis y evaluaciones de la cultura. Pensar de un modo genealógico sería, pues, averiguar si tal o cual cosa procede de padres tan buenos como ellas mismas no se cansan de afirmar. Pero sobre todo, pensar genealógicamente es desestimar la idea de origen, dado que la genealogía se opone tajantemente a ella.

¿Por qué la genealogía se opone al origen? Porque buscar el origen es intentar encontrar lo que ya estaba dado y creer que en el origen se encontrará la identidad aún preservada de las cosas. También porque el origen cree que al comienzo de todas las cosas se encuentra lo más preciosos y esencial, siendo que el comienzo histórico es siempre bajo, en el sentido de irrisorio, irónico propicio a deshacer todas las fatuidades[5]. En el origen no se encuentra el orden sino la discordia. Además, con el origen se olvida del algo que mencionábamos anteriormente: el carácter histórico de la verdad.  Esto da lugar a que ésta sea concebida  como algo que es imposible refutar, no es porque efectivamente así lo sea, sino porque a lo largo de la historia se ha vuelto inalterable. 

 

Así, más que del origen, la genealogía en cambio se ocupa de las meticulosidades y los azares de los comienzos. No cree que el desarrollo histórico sea uniforme, pues los sucesos no tienen único efecto anterior, sino que dependen de diferentes fuerzas  que están regidas por el azar. Es por ello que el desarrollo histórico no es uniforme. Además, no funda, antes bien “remueve aquello que se percibía inmóvil, fragmenta aquello que se pensaba unido; muestra la heterogeneidad de aquello que se imaginaba conforme a sí mismo”[6].

La genealogía se caracteriza por ser singular, puesto que no estudia el todo sino los acontecimientos. No cree que sea posible encontrar leyes universales ni inscribir los acontecimientos a un fin último, ya que estos se encuentran constituidos por un cúmulo de elementos. Así pues, no busca los grandes sucesos sino que se dedica a la búsqueda meticulosa de aquellos que están ocultos y los roles que han jugado, ya que de ellos está compuesta la historia. Por ejemplo, la historia no se reduce puros sucesos políticos, sino que existen fenómenos sociales, religiosos, científicos que también la constituyen. Ahora, si no hay un solo origen, si no hay un lugar, un sitio prístino en el que todo nazca,  a partir del cual que explique todos, entonces no hay hechos, sino interpretaciones. Es aquí donde podría caerse en el relativismo.


[1] Friedrich Nietzsche, La gaya ciencia [traducción de Pedro González Blanco y Luciano de Mantua] , José J. de Olañeta,  Barcelona,2003, §265.

[2] Friedrich Nietzsche, La gaya ciencia …, § 110.

[3] Friedrich Nietzsche, La gaya ciencia …§ 260.

[4] Friedrich Nietzsche, La gaya ciencia … § 7.

[5] Ver, Foucault, Michel, Nietzsche, la genealogía, la historia en Microfísica del poder, 3ed, La piqueta, Madrid, 1992, p.10.

 

[6] Foucault, Michel, op. cit, p.13.

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