Crítica de la razón pura
Crítica de la razón pura es el nombre que Kant le da a su investigación de la razón funcionando de manera independiente de la experiencia. Esta investigación tiene su origen en la cuestión de si la metafísica es o no una ciencia[1]. Su propósito es saber qué y cuánto pueden conocer el entendimiento y la razón con independencia de toda experiencia[2]. Con ello se establecerán sus límites y en qué momento su uso es legítimo o ilegítimo. En suma, la crítica intenta establecer los límites de todo el conocimiento humano. Vamos a explicar un poco el contexto y posteriormente responderemos a la pregunta.
En el siglo XVIII,
mientras ciencias como la física o las matemáticas progresaban en sus campos de
estudio, la metafísica, nos dice Kant, “está todavía muy lejos de haber encontrado el
camino seguro de una ciencia: no es más que un andar a tientas”[3]. ¿Cómo es posible que la
ciencia que se ostenta como la reina de todas no haya progresado en tanto
tiempo y que sea estéril en la producción de conocimientos?, se pregunta Kant. Esto
lo lleva a voltear hacía las ciencias física y matemática, que desde hace algún
tiempo que han encontrado un camino seguro hacia el conocimiento y buscará cuál
es la razón de que el camino que han seguido resulte productivo.
Al estudiar su método,
Kant se da cuenta que ambas ciencias, la física y la matemática, no buscan en
su objeto de estudio más que lo mismo que la razón puso en él[4]. De esta manera, los
físicos y matemáticos se pliegan a las leyes de la facultad de conocer. ¿Será
posible que los constantes tropiezos de la metafísica se tengan su origen en el
uso de la razón? Tal situación hace
pensar al filósofo alemán que es tiempo de que la razón “emprenda la más
difícil de todas su tareas, a saber, la del autoconocimiento y, por otra, para
que instituya un tribunal que garantice sus pretensiones legitimas y que sea
capaz de terminar con las arrogancias infundadas, no con afirmaciones de
autoridad, sino con las leyes eternas e invariables que la razón posee […]”[5]. Es decir, se propone
llevar la razón a juicio, un juicio singular donde juez y acusado coinciden.
Este análisis, este juicio de la razón no es otro que la Crítica de la razón pura.
Ahora bien, ¿qué
entiende Kant por Crítica de la razón
pura? Pues bien, Kant no entiende por crítica la “crítica de libros y
sistemas, sino de la facultad de la razón en general, en relación con los
conocimientos a los que puede aspirar prescindiendo
de toda experiencia”[6]. Es decir, la palabra
crítica no tiene el sentido de censura o desaprobación, sino de búsqueda, de estudio, de investigación de los
fundamentos y límites de la razón y conocimiento humanos. Este estudio,
permitirá restringir los vuelos metafísicos de la razón. Ahora bien, ¿qué
entiende Kant por razón? La razón es la facultad humana por excelencia cuya
tarea principal es regular y fundamentar el proceso de conocimiento. Ejemplo de
ello son las ciencias, que si bien son empíricas, tienen principios racionales.
¿Pero quién legisla a la razón? ¿Quién vigila al vigilante? Sus vuelos
metafísicos demuestran que no rinde cuentas a nadie y que es capaz de ir más
allá de sus límites.
De esta manera, lo que
pretende Kant, mediante la crítica, es conseguir que la razón se autoregule, que
se haga su propio tribunal donde, como mencionábamos antes, sea juez y acusado
a la vez. Finalmente, ¿qué entiende Kant por puro? Entiende por pura toda
representación en la que no se encuentra nada perteneciente a la sensación[7]. Dado que la crítica
intenta fundamentar el conocimiento humano, pero sin recurrir a fundamentos
ajenos al mismo, la razón pura será la encargada de dar la universalidad y
necesidad a las leyes de las ciencias.
A manera de colofón, diremos que la tarea que
se propone Kant, limita a la razón, pues va a determinar qué y hasta donde
puede conocer. Sin embargo, también da nuevas posibilidades, pues encauzada de
manera adecuada, la razón podrá avanzar más deprisa. Además, ahora el
fundamento del conocimiento humano no se encontrará en seres trascendentes,
sino dentro del mismo sujeto, es decir, se habrá alcanzado la autonomía del
conocimiento humano.
[1] Durante mucho tiempo la metafísica se ostentó
como reina de todas las ciencias. Su tarea era por demás ambiciosa, pues
pretendía dar respuesta a preguntas como la existencia de Dios, el origen del
mundo o la inmortalidad del alma. Sin embargo, hacía el siglo XVIII, aún no
había logrado establecerse como ciencia y no había producido conocimiento
alguno, por lo que se había convertido en un campo de disputas donde se
llevaban a cabo discusiones interminables sobre temas que si bien resulta
inevitable plantearse, son imposibles de resolver, ya que se ven obligados a
recurrir a principios que no son contrastables empíricamente.
[2] Ver Kant, Immanuel, Crítica
de la razón pura [prólogo,
traducción, notas e índices de Pedro Ribas], Taurus, México, 2006, p. 12.
[3] Ibid, p.15.
[4] Ver, ibid, pp. 18-20. Kant hace mención de Copérnico,
quien se dio cuenta de que haciendo
girar al espectador y dejando inmóviles a los astros tenía más éxito al
explicar el movimiento de los cuerpos celestes. Por su parte, Kant propone que
los objetos se rijan por el conocimiento y no el conocimiento por los objetos.
[5] Ibid, p.9
[6] Idem
[7] Ibid, p. 66.
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